Un enfoque único
La historia de la marca
Ziva Azoulay creció entre dos mundos: la herencia judía marroquí de su padre y los orígenes daneses de su madre, y esa dualidad marcó tanto su sensibilidad en el diseño como su convicción de que la joyería debe transmitir un significado cultural, además de belleza estética. Se formó como orfebre y fundó Soleya Jewellery en Copenhague, creando una marca en torno a la tensión creativa específica entre las dos tradiciones con las que creció.
Cada pieza se elabora en su taller de Copenhague, donde trabaja con metales y piedras preciosas procedentes de proveedores éticos de reconocido prestigio, y donde los encargos a medida se abordan como un diálogo entre la creadora y el cliente, un esfuerzo colaborativo para plasmar la esencia de una persona en materiales preciosos. El cofundador, David Rozsa, aporta el equilibrio comercial y estratégico que permite que la visión artística de Ziva llegue al mercado.









